Antes de nosotros, ya había personas construyendo el camino.
Personas que entendieron que servir también significa dejar estructura, memoria y ejemplo para quienes vendrían después.
La historia del Club Rotario Tlalpan se ha construido generación tras generación, a través de liderazgos que asumieron la responsabilidad de trabajar por su comunidad y fortalecer el espíritu rotario.
Uno de los documentos que conserva esa memoria está fechado el 12 de diciembre de 1985. Ese día, los asociados del Club Rotario Tlalpan se reunieron en Asamblea General con un propósito muy especial: dejar constancia formal de las personas que habían integrado sus Consejos Directivos entre 1976 y 1986.
Ese registro nos permite regresar casi medio siglo y reconocer algunos de los nombres que ayudaron a construir las bases del club.
Durante el periodo 1976–1977, el Consejo Directivo estuvo encabezado por Vitelio M. Campos Centeno como presidente, acompañado por Alberto Ojeda Ávila, Eleazar Saldívar Garza, Rainer Blass y Carlos Noriega Cubielles.
Para 1977–1978, la presidencia pasó a Alberto Ojeda, acompañado por Eleazar Saldívar, Luiz Larraza, Henry Tewes y Francisco Piña.
Pero una historia como ésta no se resume únicamente en nombres, cargos o fechas.
Se construye con las horas dedicadas, las reuniones, las decisiones difíciles, los proyectos que nacieron de una conversación y las personas que entendieron que podían generar un impacto mayor trabajando juntas.
Cada presidencia recibió una responsabilidad.
Cada Consejo Directivo dejó algo para el siguiente.
Y cada generación escribió una parte distinta de la misma historia.
Hoy, décadas después de aquellos primeros registros, el compromiso continúa.
Seguimos encontrándonos alrededor de una misma convicción: que el liderazgo cobra sentido cuando se transforma en servicio y que una comunidad puede cambiar cuando existen personas dispuestas a involucrarse.
Club Rotario Tlalpan no comenzó con nosotros.
Y tampoco terminará con nosotros.
Somos parte de una historia que recibimos de quienes estuvieron antes y que tenemos la responsabilidad de entregar todavía más fuerte a quienes vendrán.
Honrar nuestra historia también significa seguir escribiéndola.